Perú. Década de los 80: el terrorismo se ha vuelto un cáncer, una marabunta que ultraja al pueblo y lo devasta. Las heridas que aquellos hombres nunca cicatrizaron, de hecho la herida sigue abierta incluso para aquellas generaciones que no conocieron el conflicto: todos los hijos de las madres violadas sufren la enfermedad de “la teta asustada ... Leer más Perú. Década de los 80: el terrorismo se ha vuelto un cáncer, una marabunta que ultraja al pueblo y lo devasta. Las heridas que aquellos hombres nunca cicatrizaron, de hecho la herida sigue abierta incluso para aquellas generaciones que no conocieron el conflicto: todos los hijos de las madres violadas sufren la enfermedad de “la teta asustada”. Según la leyenda, los niños son infectados de miedo por medio de la leche materna, y además no tienen alma porque ésta, del susto, se escondió en la tierra.
Una de estas víctimas es Fausta, una tímida chica de Lima, quien vive reprimida a lado de su madre hasta que ella muere. Entonces, busca trabajo para poder pagar llevar el cuerpo hasta un pueblo indígena de Los Andes.
La teta asustada, ganadora del Oso de Berlín en 2009, es la segunda cinta de la directora Claudia Llosa, quien al igual que en su film anterior, Madeinusa, retrata la sociedad peruana como una cronista muda que sólo vigila a sus protagonistas y nos envuelve con su narración pausada, íntima. Al igual que el pueblo peruano, en la cinta los sucesos que sabemos de antemano, no se mencionan. Es un tabú con el cual Fausta ha aprendido a sobrellevar, pero no a sobrevivir.
Llosa decora su cinta con viñetas de realismo mágico, y posee elementos técnicos (fotografía y un diseño musical impecable) que, aunados a un guión metafórico –Fausta empieza a “vivir” a raíz de la muerte de su madre- demuestran que la única forma en que se puede hallar esperanza después un época de crisis o desastre, es por medio del arte: en este caso, el cine.
–Josué Flores Corro
Ganadora del Oso de Oro, máximo galardón del reciente Festival de Berlín, esta segunda película de la directora peruana Claudia Llosa se estrena en la inauguración de ArteCinema, un complejo ubicado en Constitución que ?como su nombre lo indica? estará dedicado al cine de arte. Si la apertura de tres salas en una zona tan castigada de la zon ... Leer más Ganadora del Oso de Oro, máximo galardón del reciente Festival de Berlín, esta segunda película de la directora peruana Claudia Llosa se estrena en la inauguración de ArteCinema, un complejo ubicado en Constitución que ?como su nombre lo indica? estará dedicado al cine de arte. Si la apertura de tres salas en una zona tan castigada de la zona sur es una apuesta al riesgo (empresario), también lo es (en lo artístico) este ambicioso trabajo de la joven realizadora de Madeinusa.
Radicada en España, Llosa ha generado en Perú un intenso, apasionado debate sobre las profundas diferencias socioeconómicas que subsisten entre criollos e indígenas. Y, a pesar del premio en la Berlinale y de haber conseguido un éxito sin precedentes en su país, la cineasta fue acusada de ofrecer una mirada desde y para Europa (un pintoresquismo for export) e incluso hasta de cierto racismo.
La teta asustada tiene como protagonista a Fausta (Magaly Solier), una joven que al principio de la película sufre la muerte de su madre, quien precisamente le había transmitido el síndrome al que alude el título y que proviene del pánico que ha sembrado entre las mujeres los abusos en la época del terrorismo. La muchacha, que vive en un barrio suburbano y pobre de Lima, terminará trabajando para una familia acomodada con el objetivo de conseguir el dinero necesario para pagar el funeral.
El film, construido con sensibilidad y parsimonia, sin miedo a los silencios, con el tiempo preciso para mostrar cada mínimo detalle y la paciencia necesaria para desarrollar los matices de los personajes, combina muertes y casamientos, cantos y bailes populares y escenas en los ruidosos y atestados mercados de Lima que se contraponen con el silencio interior y la angustia de la protagonista.
La película acumula demasiados elementos (algunos de ellos capaces de irritar a cierto sector del público), apela a ciertos excesos y golpes de efecto, y en su mirada por momentos algo pintoresquista aparecen situaciones cercanas al realismo mágico, como la papa intrauterina que lleva Fausta y que, simbolismo mediante, empezará a florecer en su vientre. Con una bellísima fotografía de Nastasha Brier (XXY) y una gran capacidad de Llosa para el encuadre y la dirección de actores, La teta asustada resulta una película audaz, provocadora y, por lo tanto, no apta para aquellos que buscan en el cine productos predigeridos, demagógicos y tranquilizadores.
Diego Batlle
La Teta Asustada
"Muy Mala"
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La escena inicial hace esperar una película interesante, conmovedora y con buena fotografía, pero lo que sigue es una serie de escenas insípidas, por las que deambula sin sentido una protagonista que, lejos de ser misteriosa o enigmática, resulta simplemente inexpresiva. "