Juventud sin Juventud

Sinopsis

La vida de un anciano profesor, sufre un giro inesperado cuando un relámpago lo convierte en un fugitivo perseguido por los nazis durante los oscuros años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. El relámpago, cambia su genética y no solo se está volviendo cada vez más joven, sino que su i ... Leer más 

La vida de un anciano profesor, sufre un giro inesperado cuando un relámpago lo convierte en un fugitivo perseguido por los nazis durante los oscuros años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. El relámpago, cambia su genética y no solo se está volviendo cada vez más joven, sino que su inteligencia aumenta exponencialmente.

Ficha técnica

Género Drama, Misterio, Romance
Título Original Youth Without Youth
Director Francis Ford Coppola
Protagonistas Tim Roth, Bruno Ganz, Alexandra Maria Lara, Alexandra Pirici, Marcel Iures
Año de producción 2007
Duración 124 minutos.
Guionista Mircea Eliade, Francis Ford Coppola
Música Osvaldo Golijov
País Estados Unidos
Última modificación claudioe2001 (Hace 6 meses)

Trailer

Imágenes

Críticas de la prensa

Página 12 - L. Monteagudo (Argentina)

3.00
Buena

De una u otra manera, el de Francis Ford Coppola siempre fue un cine confesional, capaz de aprovechar las posibilidades que le ofrecían los trabajos “por encargo” para reflexionar sobre las condiciones de producción de su obra (Tucker, un hombre y su sueño; El poder de la justicia), sobre la relación entre origen, familia y sociedad (El Pad ... Leer más De una u otra manera, el de Francis Ford Coppola siempre fue un cine confesional, capaz de aprovechar las posibilidades que le ofrecían los trabajos “por encargo” para reflexionar sobre las condiciones de producción de su obra (Tucker, un hombre y su sueño; El poder de la justicia), sobre la relación entre origen, familia y sociedad (El Padrino) y hasta sobre sus propias pesadillas megalomaníacas, que eran también –y lo siguen siendo, de Vietnam a Irak– las de todo un país (Apocalypse Now!). Quién sino Coppola era ese Coronel Kurtz que había atravesado el corazón de las tinieblas y había visto “el horror, el horror”. Por eso es difícil escapar a la tentación de leer su primera película en más de diez años –y la primera que rodó fuera de Hollywood– como un film en espejo, que no deja de reflejar algo de su propio conflicto interno como cineasta. Como su protagonista, pareciera que en Juventud sin juventud –y el título ya es de por sí revelador– Coppola quiere hacer retroceder el reloj, volver a sus mejores años, empezar una vez más de nuevo y rehacer aquello que dejó inconcluso o cree haber hecho mal. El resultado, sin embargo, no está a la altura de esa intención, entre otras razones porque el cine que hoy Coppola cree que es joven y libre aparece como anacrónico, por no decir lisa y llanamente enmohecido.

Basado en una novela corta del rumano Mircea Eliade, escrita en su madurez y que según sus exegetas también traslucía su propia situación personal, Juventud sin juventud narra una suerte de pacto fáustico. ¿Qué daría un hombre por completar la obra de su vida y recuperar su capacidad de amar? Corre el año 1938 y el lingüista Dominic Matei (Tim Roth, en un papel que le exige múltiples transformaciones) piensa en suicidarse. Tiene 70 años (casi como Coppola cuando filmó la película), perdió a la mujer de su vida y ha fracasado en su intento por llegar a conocer el origen del lenguaje. Está a punto de tomar la decisión final cuando la naturaleza casi hace el trabajo por él. Un rayo alcanza a Matei en plena calle, justo cuando acababa de leer el titular de un diario que anunciaba “Nubes de guerra sobre Rumania”, en alusión a la inminente invasión nazi. Pero más allá de las terribles quemaduras que laceran su piel, el hombre que emerge detrás de las vendas es otro; o el mismo, pero cada vez más joven. Por debajo de sus dientes pútridos le surgen otros nuevos, el pelo le vuelve a crecer con el vigor de sus mejores años y las enfermeras comprueban que su aparato reproductor funciona como el de un hombre sano y vigoroso de 40 años. Ni siquiera su médico de cabecera (Bruno Ganz) atina a balbucear una respuesta; simplemente le advierte que los científicos nazis están demasiado interesados en su caso y le sugiere escapar hacia fronteras más seguras.

No es la primera vez que Coppola asume un protagonista cuyo cuerpo se rebela contra el calendario y atraviesa las pruebas del tiempo: lo hizo primero en Peggy Sue y luego en Jack, quizá sus dos películas más extravagantes e inasibles. Como en esos casos, no hay en Juventud sin juventud nada de realismo en la puesta en escena, pero allí donde había un tono de fábula amable y una estética de luminosa inspiración pop, aquí en cambio predominan los tonos sombríos y expresionistas de Mittel-Europa. Hay algo de folletín, también, en la manera en que Coppola representa a los nazis: no sólo una suerte de doctor Mengele decidido a capturar a Matei para sus experimentos, sino también una Mata Hari cuyos portaligas lucen el signo de la cruz esvástica.

Así como Matei, cada vez más joven, va descifrando misterios del lenguaje cada vez más antiguos (sánscrito, sumerio), Coppola también parece querer retroceder el almanaque de los modos de expresión de la historia del cine. Lejos de las convenciones del mediocre Hollywood mainstream de hoy se deja tentar sin embargo por la retórica del cine de ayer, como si ahora pudiera reproducirse sin más. El gesto quizá se pretende de libertad, de independencia, de distancia con respecto a Hollywood y de cercanía con respecto a Europa. Pero los ángulos de cámara escorzados (a la manera de El tercer hombre) o la aparición del protagonista y su doble en un mismo plano, lejos de acercar al director a una hipotética vanguardia asocian su película a una suerte de retro kitsch, reforzado por el inglés internacional con acento germánico que habla todo el elenco, no importa que la acción se desarrolle en Rumania o en Suiza.

Hay quizás en Dominic Matei una obsesión que es equivalente a la que movía al protagonista de La conversación (1974), una de las mejores películas de toda la obra de Coppola. Pero si aquel film –por su despojamiento y por su callada elocuencia, que hoy lo han convertido en un clásico– se adelantó a su tiempo y dio un salto hacia el futuro, esta Juventud sin juventud, artificiosa, solemne y alambicada, parece mirar solamente hacia el pasado.

Por Luciano Monteagudo

La Nación - D. Batlle (Argentina)

3.00
Buena

Tras una larga inactividad (más de una década) y antes de filmar Tetro en la Argentina, Francis Ford Coppola regresó a la dirección con un pequeño proyecto independiente rodado en Rumania a partir de la novela escrita en 1976 por el local Mircea Eliade. Quienes esperen encontrar aquí ecos del realizador de clásicos como La conversación , ... Leer más Tras una larga inactividad (más de una década) y antes de filmar Tetro en la Argentina, Francis Ford Coppola regresó a la dirección con un pequeño proyecto independiente rodado en Rumania a partir de la novela escrita en 1976 por el local Mircea Eliade. Quienes esperen encontrar aquí ecos del realizador de clásicos como La conversación , Apocalipsis Now , Tucker, un hombre y su sueño o la saga de El Padrino saldrán defraudados.

Estamos ante una de las películas más experimentales ya no sólo de sus 45 años de carrera sino también del cine norteamericano de los últimos tiempos. Coppola -al igual que en la posterior Tetro - no se priva de nada: ni siquiera de sus propios caprichos ni de los excesos de una grandilocuente y por momentos solemne (sobre todo en el uso de la voz en off ) apuesta por el artificio y por la mezcla de géneros.

Entre el melodrama romántico, el cine histórico (que incluye la sombra del nazismo) y elementos visuales propios del noir , Coppola construye un film recargado y operístico, sobre el tiempo y el espacio, lo real y lo onírico, que se centra en las desventuras de Dominic Matei (Tim Roth), un veterano profesor de lingüística que es quemado por un rayo en plena calle de Bucarest durante una noche lluviosa de 1938. El protagonista se salva de milagro y queda hospitalizado al cuidado de un doctor (Bruno Ganz) mientras sueña con el viejo amor de toda su vida (Alexandra Maria Lara) y luego concreta viajes por todo el mundo y estudia complejos idiomas.

La película -no lineal y con un tono entre existencialista y metafísico- abarca varias décadas y coquetea con lo sobrenatural, lo surreal, el realismo mágico y hasta con un lirismo decididamente kitsch . Entre elementos que remiten a Michelangelo Antonioni, a Orson Welles y a la reciente El curioso caso de Benjamin Button , Coppola moldea una narración tan ambiciosa como deforme, cuyo resultado final está lejos de sus grandes trabajos, pero que no deja de ser estimulante, especialmente viniendo de un director que, a los 70 años, podría haberse quedado en lo seguro y que, en cambio, sigue buscando nuevas formas y temas para su cine.

Diego Batlle

Comunar - M. Lipszyc (Argentina)

2.00
Regular

Juventud sin juventud es, ante todo, una película imposible. El fantástico director Francis Ford Coppola vuelve a pecar de megalómano al intentar llevar a la pantalla una narración sencillamente inabarcable para el séptimo arte. Si bien la historia parece atractiva en su núcleo, el film termina siendo una aventura desmedida, compleja y ambici ... Leer más Juventud sin juventud es, ante todo, una película imposible. El fantástico director Francis Ford Coppola vuelve a pecar de megalómano al intentar llevar a la pantalla una narración sencillamente inabarcable para el séptimo arte. Si bien la historia parece atractiva en su núcleo, el film termina siendo una aventura desmedida, compleja y ambiciosa en el peor de los sentidos.


Comenzamos en la Rumania de 1938 cuando el anciano Dominic -Tim Roth-, un estudioso de las lenguas de la humanidad, es alcanzado por un rayo. Su cuerpo yace carbonizado en las calles de Bucarest y, sin embargo, no muere. Lo internan, lo cuidan y sorprende a sus médicos al demostrar una recuperación de ciencia ficción: no sólo por la velocidad sino porque este hombre de setenta años rejuvenece hasta parecer un adulto de sólo 35. Pero esto es simplemente el inicio de una mejora impensada, ya que Dominic demuestra además tener conocimientos increíbles en todas las materias del saber humano, desde idiomas hasta ciencias.


Paralelamente, el nazismo avanza por Europa y, entre los experimentos que realizan los doctores del Tercer Reich, hay uno en particular que pondrá en peligro a nuestro protagonista: un científico alemán investiga la posibilidad de que los humanos puedan mutar en seres de conocimientos increíbles y hazañas asombrosas si son afectados por ataques de altos voltajes. Es decir, está intentando averiguar lo que Dominic ha vivido en carne propia. La recuperación ha llegado a los oídos de los comandados por Hitler, y es por eso que Dominic debe iniciar una vida de huidas y mentiras, durante la cual va conociendo a distintos personajes a la vez que se va descubriendo a sí mismo. Llega a darse cuenta de que además de poseer conocimientos extraordinarios tiene facultades de mentalista (al punto de poder adivinar qué número saldrá en la ruleta de un casino o cómo obligar a las personas a realizar actos que ellos mismos no deseen hacer).


Si piensan que ya esto es abrumador, esperen porque hay más.


Los años avanzan, cae el nazismo, y Dominic conoce a Veronika, una joven que, tras un accidente, sufre un trastorno que podría relacionarse con su vida. Ella tiene vivencias que la van transportando al pasado y mediante las cuales él logra conocer las lenguas más antiguas (recordemos que allá por 1938 era un viejo lingüista).


A medida que hago el racconto, mi mente transita laberintos imposibles de reproducir.


Baste decir que Juventud sin juventud está protagonizada y prácticamente monopolizada por Tim Roth -quien, a todo esto, se muestra increíblemente parecido físicamente a un joven Silvio Berlusconi-, y que la trama no sólo es por momentos incomprensible, sino también un tanto tediosa.


Ojo, la historia detrás de la película parece ser interesante. Coppola se basó en un cuento del historiador y novelista rumano Mircea Eliade, y, si bien no lo leí, sí me hizo acordar a una de esas novelas en las que es necesario tomar nota de algunos hechos como para no perder la trama. Incluso pensaba que tranquilamente un escritor como Thomas Pynchon podría haber sido responsable del texto.


Juventud sin juventud pone a prueba la tolerancia del espectador. Como película simple y llana, es demasiado exigente y no termina ofreciendo un resultado satisfactorio. La recomendaría a los fanáticos de Coppola, un director que, a pesar de tener más fracasos que éxitos, es sin lugar a dudas un fundamental en el séptimo arte -personalmente, le estaré eternamente agradecido por El Padrino y Apocalypsis Now, así que por mí que haga lo que quiera, que siempre miraré, ante la duda, sus films-.


Sin embargo, y en referencia estricta a este trabajo, Juventud sin juventud termina siendo la prueba de que el cine no puede abordar cualquier texto.

Comentarios

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Puntaje

Puntaje: 30
Buena
Calificación de la comunidad
Puntaje: 2.90
Calificación media
basada en 63 personas
Calificación de la prensa
Puntaje: 2.67
Calificación media
basada en 3 críticos

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