Luego de una serie de retrasos y cambios de último minuto, el remake del clásico de Lon Chaney Jr. finalmente llega a la pantalla grande, con la intención de popularizar al licántropo entre las nuevas generaciones. Al igual que el filme original, la historia se centra en Lawrence Talbot, quien regresa a territorio británico tras la muerte de s ... Leer más Luego de una serie de retrasos y cambios de último minuto, el remake del clásico de Lon Chaney Jr. finalmente llega a la pantalla grande, con la intención de popularizar al licántropo entre las nuevas generaciones. Al igual que el filme original, la historia se centra en Lawrence Talbot, quien regresa a territorio británico tras la muerte de su hermano, y luego de ser mordido por una misteriosa criatura, se convertirá en hombre lobo durante las noches de luna llena. Sin embargo, a partir de este punto, el filme toma un rumbo diferente en relación a la original, comenzando por la incursión de Francis Abberline, quien fuera el detective encargado de resolver los asesinatos de Jack el destripador y que, desafortunadamente, pudo ser mejor desarrollado en la historia. Por otro lado, vale la pena destacar la dolorosa transformación por la que atraviesa Benicio del Toro, la cual da paso a un monstruo verdaderamente temible –obra del maestro del maquillaje Rick Baker– y a una espectacular secuencia que se desarrolla en las calles de un lúgubre Londres.
Desgraciadamente, el filme que pudo ser épico también cuenta con errores fundamentales, como tratar de dar un origen a lo que siempre hemos conocido como una maldición; y sobre todo, una secuencia final que pretendía ser sorpresiva, pero en su lugar fue predecible, innecesaria e incluso ridícula. Así, Joe Johnston deja sensaciones encontradas para los amantes del género, pues aunque se aplaude su atrevimiento de convertir un monstruo clásico y antiguo en una bestia violenta y sanguinaria, su afán por realizar cambios a una historia que no los necesitaba sólo nos hace dudar sobre su capacidad de llevar a buen puerto su próximo y más importante filme: The First Avenger: Captain America.
–Luis Miguel Cruz
Lawrence Talbot (Benicio del Toro) es un noble que regresa a su hogar para investigar la desaparición de su hermano. En el lugar sufrirá la maldición de convertirse en licántropo las noches de luna llena.
Benicio del Toro es el protagonista y productor de esta cinta de Joe Johnston basada en “El Hombre Lobo” de la Universal de los años ... Leer más Lawrence Talbot (Benicio del Toro) es un noble que regresa a su hogar para investigar la desaparición de su hermano. En el lugar sufrirá la maldición de convertirse en licántropo las noches de luna llena.
Benicio del Toro es el protagonista y productor de esta cinta de Joe Johnston basada en “El Hombre Lobo” de la Universal de los años 40, clásico escrito por Curt Siodmak y dirigido por George Waggner que priorizaba el sentimiento trágico de la maldición y transformación en bestia asesina a la que se ve sometido un hombre bueno sobre los simples efectos de horror, sustos, sangre o violencia que marcan su proceder como licántropo, y más en estos tiempos de cgi y mondongos a tutiplén.
Esta característica de tragedia fue bien entendida por Lon Chaney Jr. en su caracterización y también por Paul Naschy en las variadas ocasiones en las que interpretó al hirsuto antihéroe. El desasosiego emocional del personaje central y la templanza en captar el mismo dentro de una atmósfera macilenta, romántica, gótica, fueron rasgos importantes en a concepción de films adornados en ocasiones y en distintas vertientes con dosis de erotismo o de violencia explícita.
Al contrario que Chaney Jr., Naschy como Waldemar Daninsky, o incluso Oliver Reed en una conocida versión del hombre lobo de Terence Fischer en la Hammer, de donde aquí también se toman referencias, Benicio del Toro crea un personaje (en este caso con el mismo nombre de Larry Talbot de Siodmak/Waggner) desapasionado, soso, que con maneras funcionales y diálogos de manual poco hace para transferir la intensidad de su tragedia.
Si al lado de Lon Chaney Jr. existían personajes pintorescos, lo que ayudaba a avivar y densificar la historia, junto a del Toro hay personajes que poco o nada pintan. Unos parecen desganados, al igual que Benicio, otros fuera de la historia y algunos, como Emily Blunt, superan la escasez del material.
Dentro de una trama poco inventiva, bastante plana y predecible, resulta destacado el trabajo en el diseño de producción captando la Inglaterra del período victoriano y el intento de sus hacedores, entre ellos Rick Baker (responsable del maquillaje de las apreciables “Un Hombre Lobo Americano En Londres” y “Aullidos”), de homenajear a Jack Pierce, el maestro de maquillaje de la Universal de los años 30 y 40.
Es cierto que el tiempo no pasa en balde, y que las formas de contar una historia que antes eran válidas, ahora, por repetidas y superadas, nos pueden parecer absurdas e incluso involuntariamente humorísticas.
Es lo que me vino en la cabeza en los primeros minutos de metraje de 'El hombre lobo', con una atmósfera pretendidamente gótica y som ... Leer más Es cierto que el tiempo no pasa en balde, y que las formas de contar una historia que antes eran válidas, ahora, por repetidas y superadas, nos pueden parecer absurdas e incluso involuntariamente humorísticas.
Es lo que me vino en la cabeza en los primeros minutos de metraje de 'El hombre lobo', con una atmósfera pretendidamente gótica y sombría sin personalidad propia y que encuentra en ese primer plano de Anthony Hopkins saliendo de las sombras su máximo exponente. Una vez constatado el fracaso en la ambientación de la película, (a la que por una vez no ayuda la poco esforzada y ya repetitiva partitura de Danny Elfman) la misma se va desarrollando en una trama absolutamente superficial que parece ser alérgica a explorar la personalidad y relaciones de los personajes que la integran, y que desemboca en fallidas interpretaciones de actores de demostrada capacidad.
Así, Benicio Del Toro, el tan comentado protagonista del filme que siempre suele dar a sus personajes ese toque de salvajismo que parecía hacerlo tan adecuado para el papel, se da de bruces con un personaje de Lawrence Talbot absolutamente hueco e intrascendente, sin ningún aliciente para intentar ser comprendido por el Espectador, y cuya historia de amor tan mal explicada con el personaje de Emily Blunt, no desprende química ni emoción alguna.
Otro tanto cabe decir de un absolutamente desaprovechado Anthony Hopkins, que hace lo que puede con un personaje al que parece dársele querer empaque y frases trascendentes sobre la marcha teniendo en mente la talla del actor que va a tener el dudoso honor de interpretarlo. Que futura carrera interpretativa más insulsa le espera al gran actor si no empieza a elegir mejor sus papeles de 'capa de pintura' en auténticos desastres como el que nos ocupa.
La fallida e impersonal dirección de Joe Johnston (pobre 'Capitán América'), que sustituyó finalmente a un Mark Romanek que pareció intuir lo que se le venía encima, termina en conclusión en un aburrido resultado final que demuestra que no hacía ninguna falta tocar el clásico de 1941, y de donde sólo cabe salvar el acierto de la curiosa introducción en el argumento del inspector Abberline, personaje histórico relacionado con la investigación de los crímenes de Jack El Destripador e interpretado por un Hugo Weaving que se contagia de la apatía general, y un sobresaliente maquillaje de Rick Baker.
El 'Hombre Lobo' de 2010 puede ser, eso sí, precursor de un nuevo subgénero, el 'Clasicismo Gore', pero por el momento, lo único que evocará este pionero serán largos bostezos en una butaca de cine.
Película innecesariamente larga, que se esmera demasiado en construir atmósferas de terror que piden a gritos la mano de Tim Burton, El hombre lobo resulta tan aburrida que, en su necesidad de sumar vibración, se pasa de vueltas a nivel sonoro y, por ejemplo, logra que hasta el soundtrack, a cargo de Danny Elfman –cuya música característica ... Leer más Película innecesariamente larga, que se esmera demasiado en construir atmósferas de terror que piden a gritos la mano de Tim Burton, El hombre lobo resulta tan aburrida que, en su necesidad de sumar vibración, se pasa de vueltas a nivel sonoro y, por ejemplo, logra que hasta el soundtrack, a cargo de Danny Elfman –cuya música característica pide aún más una imagen burtoniana–, aturda y moleste. O que presente una profusión de subtramas disparatada y esquizoide.
Adaptada a nuestros tiempos, la historia del hombre lobo versión Hollywood 2010 dura aproximadamente media hora más que la película de 1941 sobre la que se basa, porque los realizadores han sumado personajes y una línea de conflicto entre padre e hijo. Han sumado también a otro hombre lobo. Y no sólo eso, aquí hay un poco más de todo: más sangre, más muertes –sobre todo más muertes–, más drama y hasta más planos de la luna llena (¡¿cuántos puede haber?!). La suma hace del film un producto adrenalínico, cómo negarlo, sólo que su intensidad resulta molesta. Los propios monstruos están hechos de muñecos y truco digital, y sus movimientos son torpes y limitados, lo cual no le permite al director crear una escena de acción convincente, mucho menos cuando debe animar a dos bestias peludas.
La historia transcurre en la Inglaterra posterios a la revolución industrial, en los vastos campos de una familia sombría, signada por la tragedia: el suicidio de la madre (aunque aquí ya intuimos que hay algo sin resolver). La historia empieza cuando muere Ben, el hermano del protagonista, Lawrence Talbot (Benicio del Toro), el hombre que sufre la mordedura del monstruo que le contagia su condición y lo condena para siempre. Es un actor que llega desde Nueva York al sombrío páramo inglés para resolver la muerte de su hermano, cuyo cuerpo aparece misteriosamente despedazado. En la casa del padre, aparecerá el resto del personal: la prometida del hermano, Gwen (Emily Blunt), y el padre, Sir John (Anthony Hopkins, que parece estar actuando todavía en El silencio de los inocentes), además de un detective interpretado por Hugo Weaving, Abberline.
La trama va avanzando a los tropezones, apenas hilvanada por un guión predecible y una puesta en escena pobre. Y salpicada de frases incomprensibles pero destinadas a significar algo más, que terminan de convertir a una película que debería dar miedo en una que, algún buen día, puede llegar a dar un poco de risa.
El cine norteamericano hoza (sí, soy consciente del sentido generalmente porcino y despectivo del término…) y osa reincidir perennemente, a la manera de Tántalo o Sísifo, en los mismos temas; en el mismo pase en el que vi este filme se pudo ver el trailer del nuevo “Robin Hood”, otra vez a vueltas con el dichoso arquero de Sherwood, ahora ... Leer más El cine norteamericano hoza (sí, soy consciente del sentido generalmente porcino y despectivo del término…) y osa reincidir perennemente, a la manera de Tántalo o Sísifo, en los mismos temas; en el mismo pase en el que vi este filme se pudo ver el trailer del nuevo “Robin Hood”, otra vez a vueltas con el dichoso arquero de Sherwood, ahora con el careto gordezuelo y envejecido de Russell Crowe, al que me parece que se le pasó el arroz para encarnar al héroe, al que el imaginario popular quiere con cuerpo de atleta y cara juvenil, no con michelines y patas de gallo.
Viene todo esto a cuento por la resurrección del mito del licántropo que ahora, de nuevo, perpetra el cine yanqui, con el auxilio para la ocasión del británico, versionando el clásico de 1941 de George Waggner, “El hombre lobo”, en el que Lon Chaney Jr. establecía los parámetros de la caracterización del lobo humano que ha perdurado, con variantes, hasta nuestros días. Pero aquí todo se queda en la cáscara, como era de prever, y esta nueva versión es, realmente, mucho más vieja que la de Waggner, que era un clásico, mientras que esta es sencillamente añeja, anticuada, y, sobre todo, desconsiderada con el público, al que trata como a una panda de lelos, buscando constantemente sorprenderlo con una inacabable sucesión de sustos, de forma desvergonzadamente tópica, sin articular una atmósfera medianamente creíble (ese bosque de pacotilla, esa niebla de bote, esos higadillos de los despanzurrados que “cantan” cantidad…), sin que la historia tenga entidad en sí misma, en la que personajes como el del padre del protagonista tiene que relatarnos verbalmente su maldición, sin acudir a los genuinos recursos cinematográficos sino enfangándose en una infantil narración como de siniestro cuento (malo) de hadas.
Un pequeño desastre, apenas paliado por la sabiduría de Anthony Hopkins, aunque su papel se le queda inevitablemente corto: pero su mera mirada ya le infunde carne a lo que no es sino un esqueleto de plexiglás… Entre los demás, Benicio del Toro pasa por allí con el piloto automático, sin creerse en ningún momento su personaje, y Hugo Weaving (el inolvidable secundario de “Priscila, reina del desierto” y tenaz antagonista de Keanu Reeves en la saga de “Matrix”) resulta uno de los pocos verosímiles en esta costeada producción (ochenta y cinco millones de dólares, nada menos), que hoza (ahora ya tiene sentido, ¿no?) en un clásico en el que lo mejor que se podía hacer con él era dejarlo como estaba, y en todo caso verlo una y otra vez para aprender cine, aunque fuera de un humilde artesano como fue George Waggner.
El hombre lobo
"Buena (+)"
"Es la clásica historia del hombre lobo con algunas variaciones interesantes pero nada sorprendentes. Es entrenida e interesante. La actuación de Anthony Hopkins es buena, como siempre, pero esperaba muchísimo más; ya que cuando este actor está presente uno piensa en éxito cinematográfico sin dudas. Qué no funciona? Las transformaciones. Quizá estamos acostumbrados a otro tipo de metamorfosis, más electrizantes con las incursiones del cine nuevo, las técnicas de hoy son más impactantes cuando aparecen en la pantalla grande. Por eso esta no convence porque no asusta."