Últimamente considero que lo más importante en una película es que no engañe al espectador a la hora de ofrecer lo que promete, y es por eso que Rescate del metro 1, 2, 3 cumple con la cualidad básica de ser un film honesto. ¿A qué me refiero con esto? Muy simple: si uno ve el estilo del afiche, el nombre del film y sobre todo el encuentro d ... Leer más Últimamente considero que lo más importante en una película es que no engañe al espectador a la hora de ofrecer lo que promete, y es por eso que Rescate del metro 1, 2, 3 cumple con la cualidad básica de ser un film honesto. ¿A qué me refiero con esto? Muy simple: si uno ve el estilo del afiche, el nombre del film y sobre todo el encuentro de dos actores como Denzel Washington y John Travolta, pretende una historia atrapante, de suspenso constante y que genere una poderosa captura visual.
Ahora bien, debo ser sincero: la película no se contenta con “cumplir”, sino que terminó ofreciéndome mucho más de lo que esperaba, y es por eso que termina siendo una gran opción para los amantes de ese género híbrido mezcla de suspenso y acción que los estadounidenses saben hacer tan bien.
La historia en sí es bastante simple: una banda comandada por un hombre que hace llamarse Ryder -Travolta- secuestra un subte en Nueva York y le da una hora a las autoridades de la ciudad para que les entreguen 10 millones de dólares en el lapso de una hora. Dentro del vagón que tomaron hay 19 rehenes, y los asaltantes prometen matar uno por cada minuto que los responsables se pasen del plazo. La casualidad da que Walter Garber -Washington-, un hombre de alto rango jerárquico en el subte de Nueva York, está como receptor de los llamados de cada unidad de subte tras haber sido degradado momentáneamente por un presunto caso de corrupción. Obviamente, a Garber le toca recibir la fatídica llamada de la unidad tomada por Ryder y sus muchachos.
Como en todos los films de negociaciones, se genera un nexo especial entre Ryder y Garber, y lo que empieza a parecer una charla entre “malo” y “bueno” se funde en un mundo de grises en donde las víctimas son victimarios y el sistema es en parte responsable de sus propios maleantes.
La película tiene un ritmo ultra-vertiginoso. Sinceramente, hace mucho tiempo que no me pasaba de estar alerta durante todo un film, agarrado al asiento esperando a ver el movimiento que sucediera al anterior. Para esto es importantísimo la preponderancia que tiene el estilo de filmación casi de videoclip en el mejor sentido de la definición y además el modo en que la música acompaña las escenas.
John Travolta cumple con el papel, pero quien se roba la película es el genial, fantástico Denzel Washington. Ante todo, debo decir que suele gustarme el trabajo de Denzel y de hecho es uno de esos actores cuyo simple nombre en una película me genera ganas de verla, pero más allá de mi predilección por este actor, es evidente que su personificación de este trabajador del subte es buenísimo.
Rescate del metro 1, 2, 3 es uno de esas películas que sirven para desconectar.
Hay mucha paranoia dando vuelta, mucha discusión política, mucho chicaneo y, si bien es cierto que entre los estrenos hay otros films que prometen una propuesta con mucho más vuelo intelectual -algo que siempre fomento y que creo fundamental respaldar-, esta semana en las premieres me tocó ir por una de las pochocleras y por suerte no me defraudó para nada.
John Godey, cuyo nombre real era Morton Freedgood, fue uno de los grandes escritores norteamericanos que trabajaron el género del policial negro.
Entre los autores clásicos de la novela hard boiled fue uno de los artistas que mejor continuó, con historias como “La hora azul” y “El crimen del año”, el camino iniciado por Dashiell Hammet ... Leer más John Godey, cuyo nombre real era Morton Freedgood, fue uno de los grandes escritores norteamericanos que trabajaron el género del policial negro.
Entre los autores clásicos de la novela hard boiled fue uno de los artistas que mejor continuó, con historias como “La hora azul” y “El crimen del año”, el camino iniciado por Dashiell Hammett.
Rescate en el metro 123 es una de sus obras más conocidas que se publicó por primera vez en 1973.
El éxito del libro fue tan grande que en Hollywood no perdieron el tiempo y un año después presentaron la adaptación para la pantalla grande protagonizada por Walter Matthau y Martin Balsam.
En 1998 se hizo otra versión para la televisión con Edward James Olmos.
Si bien tomaron la esencia del libro, la verdad es que las películas difieren bastante con la obra original y esto se debe a que la novela narra la historia desde diferentes perspectivas y en el cine la trama se concentra concretamente en la relación entre el héroe y el villano.
La nueva versión de Tony Scott es más bien una remake de la película de los ´70 que una adaptación del trabajo de Godey.
El guión original que había escrito David Koepp (El Hombre Araña) se acercaba más al libro, pero cuando el director Bryan Helgeland (Corazón de caballero) se hizo cargo de la historia la película se encaró por otro camino.
Esta versión se desarrolla en la Nueva York aburguesada de estos días donde la tecnología disponible en el siglo 21 juega un papel fundamental dentro del conflicto.
El trabajo del director Scott es soberbio porque desde los primeros minutos construye el ambiente de tensión y suspenso que se va a mantener a lo largo del film.
No pierde el tiempo en grandes introducciones ni escenas sin sentido.
Se apagaron las luces de la sala, comenzó la película y automáticamente arranca la tensión.
A diferencia de otras películas de Tony, como Deja Vu y Hombre en llamas que presentaban grandes secuencias de acción, su nuevo trabajo se apoya en las interpretaciones de los actores y las relaciones tensas que se generan entre los personajes principales.
Es muy loco porque tenés muy buenas secuencias de choque de autos y tiros impecablemente realizadas, pero en esta historia quedaron relegadas a un segundo plano, algo que no es frecuente en el cine de Scott.
Washington (cuyo personaje fue creado especialmente para esta película) y Travolta
son los que llevan adelante con su trabajo la historia.
No sé si es una película que será recordada entre las mejores producciones del director, pero lo que tengo claro es que el film es una apuesta segura para pasarla bien en el cine con un gran policial.
Hugo Zapata
Un reparto atractivo (Denzel Washington, John Travolta, James Gandolfini). Un realizador eficaz y especializado en la acción violenta como lo es Tony Scott (La fuga, Hombre en llamas, Deja Vu). Un habilidoso guionista adaptador de novelas de éxito, que no le teme a los géneros, como Brian Helgeland (Los Ángeles al desnudo, Corazón de caballero ... Leer más Un reparto atractivo (Denzel Washington, John Travolta, James Gandolfini). Un realizador eficaz y especializado en la acción violenta como lo es Tony Scott (La fuga, Hombre en llamas, Deja Vu). Un habilidoso guionista adaptador de novelas de éxito, que no le teme a los géneros, como Brian Helgeland (Los Ángeles al desnudo, Corazón de caballero, Río místico). El reto: superar o al menos igualar la pulsante puesta en escena y el duelo de actuaciones que generó el entretenido thriller de suspenso setentero La captura del Pelham 1 2 3 (1974) a cargo del correcto Joseph Sargent y protagonizada por un notable Walter Matthau como jefe de la red del tren subterráneo de Nueva York, y Robert Shaw como el líder de un grupo criminal que amenaza con asesinar rehenes en el interior de un vagón del Metro si no cumplen sus peticiones. Menos apegada a la novela original de John Godey que a su vez diera pie a un telefilme en 1998, Rescate del Metro 123 (EU, 2009) mezcla con solvencia los tópicos de fórmula del género, en la línea de relatos similares que van de Máxima velocidad (Jan de Bont, 1994) a La habitación del pánico (David Fincher, 2002), pasando por Duro de matar (John McTiernan, 1988) y Enlace mortal (Joel Schumacher, 2002). Travolta, en el papel del psicópata Ryder, a pesar de jugar peligrosamente en el límite de la sobreactuación, consigue ser un buen rival emocional para el personaje del Jefe Garber (Washington, por cuarta vez trabajando con Scott), hombre acusado de soborno que se ve obligado a entretener y a mantener un diálogo virtual con un asesino dispuesto a todo en una ciudad de caos (lo del Metro Balderas es un reflejo). Pero, aunque se trata de otro buen ejercicio de estilo y de vigor narrativo a cargo de Scott, se notan los parches narrativos de una trama que difícilmente puede sostenerse a no ser por esa pirotecnia de acción frenética tan eficaz como absurda. Ejemplo de ello, la serie de accidentes de tráfico que se suscitan cuando el alcalde (Gandolfini) ordena pagar el rescate, o la persecución final que hace el propio héroe en su intento por detener al responsable de varias muertes a sangre fría, incluyendo al conductor del vapuleado Pelham 123.
Por Rafael Aviña
Es tan simple como sumar 1 + 1. Basta con oponer dos fuertes voluntades, ambas dispuestas a llegar al límite, para que se ponga en funcionamiento un indefectible mecanismo de olla a presión. Si a ello se le adosan otros factores de peso –un secuestro, un plazo lapidario, un encierro con rehenes, un grupo obligado a decisiones límite– no extr ... Leer más Es tan simple como sumar 1 + 1. Basta con oponer dos fuertes voluntades, ambas dispuestas a llegar al límite, para que se ponga en funcionamiento un indefectible mecanismo de olla a presión. Si a ello se le adosan otros factores de peso –un secuestro, un plazo lapidario, un encierro con rehenes, un grupo obligado a decisiones límite– no extraña que las casi dos horas de El rescate del metro 1 2 3 se vivan con los dientes apretados. Sucedía en la versión original y vuelve a suceder en la remake, a la que la cartelera porteña recurre hoy como perfecto antiviral. Podrá acusarse de lo que se quiera a esta remake, pero nunca de mera copia: daría la sensación de que a partir de un mismo original (The Taking of Pelham 1 2 3, novela de John Godey) no pueden hacerse dos versiones más distintas que aquélla de los ’70, dirigida por el televisivo Joseph Sargent, y ésta de ahora, que cuenta con guión de Brian Helgeland y dirección de Tony Scott.
Protagonizada por un infrecuentemente serio Walter Ma-tthau y un Robert Shaw recién escapado de las mandíbulas de Tiburón, La captura del Pelham 1 2 3 era un modesto y efectivo exponente del funcionalismo de la época, que obtenía todo su jugo de la sequedad y la concentración. No es el caso de El rescate del metro 1 2 3 (la traducción parece querer trasladar la acción a Madrid o París), que, como toda película de Tony Scott –las recientes Hombre en llamas o Déjà Vu, por ejemplo– es, antes que nada, una deslumbrante coreografía de planos breves y sincopados, recompuestos por un trabajo de edición que habrá dejado al equipo de montajistas con los dedos mochos. La cuestión es bien sencilla: un grupo comando, encabezado por un improbable ex tiburón de Wall Street, ex presidiario y heavy de la calle (John Travolta, con barba candado) secuestra a punta de pistola un vagón del subte neoyorquino, lo desengancha del resto del convoy y exige, a cambio de la liberación de los pasajeros, un rescate que deberá cumplimentarse en una hora. Del otro lado no hay un vulgar agente de tránsito, como Matthau en la primera versión, sino una suerte de olimpo tecno, bien a gusto de Mr. Scott. Se trata de un sofisticadísimo centro de control, dominado por una pantalla tan gigantesca como el cerebro electrónico de Déjà Vu.
Frente a la pantalla, el agente de control Walter Garber (Denzel Washington, en su tercer protagónico al hilo para Scott, ¡y luciendo también barba candado!). Alrededor de Garber, las autoridades de tránsito en pleno, un experimentado negociador policial (John Turturro, lejos de toda caricatura) y hasta el mismísimo intendente de Nueva York (el siempre imponente James Gandolfini). “Me dejé el traje Giuliani en casa”, dice el intendente, que para completar su mandato no quiere complicaciones de último momento. En relación con la versión original, abundan aquí los agregados: una sangrienta ejecución, una webcam oculta en el vagón secuestrado, un “bueno” con pasado sospechoso (pesa sobre Garber una acusación de soborno) y un “malo” que aspira a un botín acorde con los tiempos de la burbuja financiera. A ese genio del mal, al que Travolta presta un timing perfecto, el guión de Helgeland (autor de los de Los Angeles al desnudo, Río Místico y Hombre en llamas) le opone un tipo tan común que hasta es capaz de comprarle un par de botellas de leche a la mujer, después de haber enfrentado, solo y de cuerpo presente, al grupo comando en pleno. En la piel de ese personaje, Denzel Washington exhibe una calidez inesperada.
Como era de prever, Tony Scott recorre a ritmo de hip hop los laberintos de la red subterránea, contrapone la oscuridad de los túneles con enceguecedoras luces de posición, se deja fascinar por el cristal líquido de la pantalla de control, ralentiza algún momento de tensión y pone la música tecno a volumen de discoteca. Pero, calvo y sesentón al fin, su estilo se muestra esta vez más asentado y funcional, trocando la histeria clipera de sus peores tiempos (recordar Top Gun, Días de trueno o la inenarrable Dominó) por una envidiable dinámica visual. Dinámica que ahora no responde a vacuas imposiciones fashion, sino, se diría, a perseguir el tiempo en fuga, con la acerada elegancia de un reluciente Fórmula 1.
Por Horacio Bernades
En 1974, Joseph Sargent dirigió a Walter Matthau y Robert Shaw en The Taking of Pelham One Two Three , transposición de la novela de John Godey sobre una toma de rehenes en el subte neoyorquino. Tres décadas y media más tarde, es Tony Scott ( Top Gun, Días de trueno, Escape salvaje, Marea roja, Enemigo público, Déjà vu ) el encargado de r ... Leer más En 1974, Joseph Sargent dirigió a Walter Matthau y Robert Shaw en The Taking of Pelham One Two Three , transposición de la novela de John Godey sobre una toma de rehenes en el subte neoyorquino. Tres décadas y media más tarde, es Tony Scott ( Top Gun, Días de trueno, Escape salvaje, Marea roja, Enemigo público, Déjà vu ) el encargado de reciclar aquella historia, ahora con Denzel Washington y John Travolta como ejes del duelo actoral y con un guión del cotizado Brian Hegeland ( Río Místico, Los Angeles: al desnudo ) que le aporta algunas pinceladas sobre las miserias de la clase política, los usos de las nuevas tecnologías y la paranoia frente al terrorismo y su impacto en el mundo de las finanzas. Retoques que, de todas maneras, resultan mínimos respecto del film original.
Si, por lo tanto, Rescate del metro 1 2 3 no tiene nada demasiado novedoso para ofrecer, a cambio presenta una narración sólida y abigarrada, una buena dosis de tensión y un protagonista como Washington, que debió agregarse kilos y años para revivir al personaje (que no por casualidad se llama Walter) que antes interpretó Matthau: el responsable del Centro de Control de Transporte de Nueva York que debe negociar el pago del rescate y la posterior liberación de los pasajeros con el despiadado líder de los delincuentes (Travolta).
Si bien hay unos cuantos personajes secundarios (como el alcalde que encarna James Gandolfini o el experto en tomas de rehenes que interpreta John Turturro), la película se sostiene en el enfrentamiento entre Washington y Travolta, que termina con claras ventajas para el primero, un actor capaz de generar sin esfuerzo una gran empatía en el espectador, a pesar de que aquí sobrevuela sobre su personaje la sospecha de haber aceptado un soborno. Scott hace lo que sabe hacer: construye un atractivo patchwork visual (con ciertas ostentaciones y regodeos en su virtuosismo formal y demasiados trucos de montaje) y una narración en tiempo real que le permite sostener el suspenso durante buena parte del relato. Argumentos suficientes como para convertir a Rescate del metro 1 2 3 en un producto tan digno como entretenido.
Diego Batlle
Rescate del Metro 1 2 3
"Increíble"
"Una genial pelicula de accion y suspenso con grandes actores como lo son Denzel Washington y John Travolta."