Un retorno a la grandeza.
Luego de filmar las tres películas de la saga de Spiderman, el director Sam Raimi se tomó un descanso de los supehéroes para volver a sus raíces con un proyecto que derivó en una de las mejores películas de terror que se pueden disfrutar en este 2009.
Raimi viene del palo del horror y dejó su huella en el género ... Leer más Un retorno a la grandeza.
Luego de filmar las tres películas de la saga de Spiderman, el director Sam Raimi se tomó un descanso de los supehéroes para volver a sus raíces con un proyecto que derivó en una de las mejores películas de terror que se pueden disfrutar en este 2009.
Raimi viene del palo del horror y dejó su huella en el género con la trilogía de Evil Dead que hoy es un clásico memorable.
Con Arrástrame al infierno el director retoma ese estilo de cuentos macabros con el que logró una tarea extremadamente difícil, como es combinar el terror con el humor, sin que la película termine siendo un capítulo de Scary Movie.
El film, sin discusión pertenece al terror, pero Raimi logra, como hizo años atrás con Evil Dead 2, que te mueras de risa también con situaciones grotescas y terribles que le ocurren a la protagonista.
Ahora bien, cuando el tipo te relajó con una escena graciosa entonces te sorprende con unos buenos “momentos de susto” maravillosamente logrados con mucha creatividad.
A diferencia de lo que se estrenará la semana que viene (My Bloody Valentine) donde el concepto de la sutileza no existe, Raimi crea magníficos momentos de tensión con excelentes efectos de sonidos y un gran manejo de las cámaras y la banda sonora.
Junto con Epitafio, un film de terror coreano que también se puede ver este fin de semana en el Teatro San Martín (voy a comentar ese película en el blog de Próximos Estrenos), Arrástrame al infierno presenta el mejor uso de violines en la música
de un film de terror que escuché en mucho tiempo.
Los recursos que utiliza el director son fantásticos.
La señora Ganush, que interpreta Lorna Raver, es uno de los villanos más aterradores que aparecieron en mucho tiempo.
Raver es una gran actriz que a lo mejor no la tenés de nombre pero la viste en muchísimas series de televisión y en este estreno brinda una interpretación excelente.
Logra claramente asustar al espectador.
En Estados Unidos es una actriz muy conocida y es genial que Raimi le diera un rol importante en este film.
Si ya conocés la trilogía de Evil Dead (caso contrario deberías remediarlo porque es imperdible) vas a disfrutar mucho de esta historia porque está claramente en sintonía con los primero trabajos del director, que ya de por sí fueron geniales.
No quiero adelantar nada de la historia, pero si me gustaría expresar que me encantó que el director plagara su película de escenas asquerosas, que es lo que el público quiere ver cuando paga una entrada al cine para ver una propuesta de terror.
Me encantó esta historia y no tengo duda que forma parte de lo mejor que vamos a ver en el 2009 en este género.
EL DATO LOCO:
La música que se escucha en los créditos finales es un trabajo del compositor argentino Lalo Schifrin titulado “The Exorcist Symponhy”, que compuso originalmente para la banda sonora de El Exorcista y nunca se usó en esa obra maestra de William Friedkin.
Para la inmensa mayoría del público, Sam Raimi es el realizador de la trilogía de El hombre araña (y de la cuarta película, que se encuentra en plena producción), pero para los cinéfilos que veneran el género de terror es mucho más que eso: se trata del creador de la saga de Evil Dead , integrada por tres films de bajo presupuesto con m ... Leer más Para la inmensa mayoría del público, Sam Raimi es el realizador de la trilogía de El hombre araña (y de la cuarta película, que se encuentra en plena producción), pero para los cinéfilos que veneran el género de terror es mucho más que eso: se trata del creador de la saga de Evil Dead , integrada por tres films de bajo presupuesto con mucha sangre y humor negro rodados entre 1981 y 1992, que aquí se conocieron como Noche alucinante 1 y 2, y El ejército de las tinieblas .
Este preámbulo no es sólo una mera descripción periodística sino un elemento indispensable para comprender en toda su dimensión este regreso de Raimi a las (sus) fuentes, luego incluso de haberse consolidado como uno de los cineastas más mimados de la industria de Hollywood. Es como si Arrástrame al i nfierno fuese (por su tema, por su tono, por sus excesos propios del gore , por su bajo costo) no sólo un respiro entre tanto tanque multimillonario que ha concretado en los últimos tiempos sino también un guiño cómplice a los seguidores de su primer cine: el Raimi lúdico, extremo y desprejuiciado no ha muerto.
La trama es sencilla: Christine (Alison Lohman), una empleada bancaria que busca un ascenso, se encarga de la concesión de los préstamos hipotecarios (justo en momentos de crisis financiera global). Ante la presión de su manipulador jefe (David Paymer), le niega una ayuda crediticia a una veterana y necesitada inmigrante (Lorna Raver), que en realidad es una bruja con poderes diabólicos que se vengará con una maldición que perseguirá a la atribulada heroína durante el resto del relato. Con la ayuda de su novio Clay (Justin Long), Christine intentará frenar la catarata de infortunios que su rival le tiene preparada.
Que Raimi es un virtuoso narrador y un sólido director de actores, que domina con soltura los códigos del humor irónico, que sabe aprovechar todas las posibilidades de los efectos visuales generados por computadora en función de las necesidades de su relato no es algo que se vaya a descubrir recién ahora, pero Arrástrame al Infierno ratifica todas y cada una de esas virtudes, bastante infrecuentes en un género en el que muchos improvisados o simples artesanos sin vuelo propio han agotado las fórmulas hasta el hartazgo.
Precisamente por eso, porque trasciende los lugares comunes con un entretenimiento noble y eficaz, sin las ostentaciones ni los regodeos habituales en directores ya consagrados como él, Arrástrame al Infierno resulta un bienvenido regreso de Raimi al cine con el que creció, con el que se sigue divirtiendo y en el que -evidentemente- todavía sigue creyendo.
Diego Batlle
No es nada común en estos días que un director de Hollywood que viene de hacer superproducciones de la escala y el éxito de la saga de El Hombre Araña decida volver a probar cómo era eso de hacer una pequeña película de terror de presupuesto razonable. Pero sucede que Sam Raimi no es un director común, nunca lo fue: ni siquiera una franquic ... Leer más No es nada común en estos días que un director de Hollywood que viene de hacer superproducciones de la escala y el éxito de la saga de El Hombre Araña decida volver a probar cómo era eso de hacer una pequeña película de terror de presupuesto razonable. Pero sucede que Sam Raimi no es un director común, nunca lo fue: ni siquiera una franquicia del volumen de Spiderman parece haberle quemado el cerebro, como le hubiera sucedido a cualquier otro. Apenas El Hombre Araña 3 revelaba algún signo de agotamiento. Y antes de lanzarse al Spiderman 4 (¿no sería ya el momento de dejarla en manos de otro?) decidió exhumar un viejo guión que tenía en carpeta y darse el gusto de hacer algo que le recordara un poco aquello que hacía en sus comienzos, cuando se dio a conocer con Evil Dead (1981, estrenada en Argentina como Diabólico). El resultado es Arrástrame al infierno, una horror movie de esas hoy cada vez más escasas, donde no hay lugar para la tortura y el sadismo que parecen haber impuesto Hostel y otras barbaridades semejantes.
Salvo algunos efectos especiales generados por computadora (y que no son tantos, considerando cómo abusa Hollywood últimamente de la era digital), Arrástrame al infierno representa, también en este sentido, cierto anacronismo: confía casi todas sus fuerzas al poder del guión y de la puesta en escena. Tampoco es cuestión de exagerar: no hay nada aquí que no se haya visto antes. Pero sucede que el nuevo film de Raimi no busca ser original sino en todo caso explorar hasta qué punto se puede volver a jugar bajo las reglas del cine fantástico, uno de los géneros más codificados que existen. Ese espíritu lúdico es evidente también a través de una de las marcas más significativas del primer Raimi, que aquí vuelve a hacerse patente: el humor. Contra toda solemnidad, Drag Me To Hell se permite, simultáneamente, el sobresalto y la broma, todo en una misma secuencia, con un equilibrio y una levedad que ya querrían directores más serios.
Como siempre en estos casos, la trama argumental es lo de menos, aunque no por ello el punto de partida deja de ser significativo. Christine Brown (Alison Lohman, en su primer protagónico) es una chica de campo tratando de sobrevivir en la gran ciudad. Trabaja en una sucursal bancaria de Los Angeles y aspira a un cargo gerencial vacante, aunque disputado también por otro colega de trabajo, dispuesto a todo –la obsecuencia, el servilismo, la trampa– con tal de quedarse con el puesto. Su jefe (el gran David Paymer) se siente sin embargo más inclinado hacia Christine, aunque le pide una prueba de amor al banco: que demuestre hasta qué punto ella tiene el coraje de tomar decisiones difíciles. Y Christine, a pesar de su buen corazón, no tiene mejor idea que –siguiendo una tendencia que hizo furor en los últimos tramos de la era Bush– rechazarle una prórroga hipotecaria a una anciana, con lo cual la deja en la calle. Sucede que la señora en cuestión (la estupenda Lorna Raver) es todo menos una dulce abuelita. De atuendo y acento vocal transilvánicos, esa vieja siniestra –de dientes y uñas tan amarillos como sus flemas– le echará a Christine una maldición capaz de mandarla literalmente al infierno, en apenas tres días.
Ni su diligente novio (Jason Long) ni un dudoso médium (Dileep Rao), versado en las diferencias entre freudianos y jungianos, ni una valiente exorcista latina (Adriana Barraza) parecen capaces de detener el maleficio que se cierne sobre la pobre Christine, que se dejó llevar por su ambición y va a tener que pagar por ello. Este esquema recuerda mucho al de la que quizás sea la obra maestra de Raimi, el policial Un plan simple (1998), donde los protagonistas también eran arrastrados a un infierno –en este caso, puramente terrenal– a causa de su codicia. Y aquí como allí, todo lo que le puede salir mal a Christine le saldrá mal, desde una cena con los estirados padres del novio hasta el sacrificio de un gato o la profanación de una tumba.
Como para demostrar hasta qué punto se pueden generar tensión y escalofríos a partir de una sabia concatenación de planos (algunos que esconden más de lo que muestran), Raimi hace un film de terror eminentemente diurno, con escenas clave a plena luz del día y donde no hace falta convocar a las tinieblas para provocar el estremecimiento.
Una sugerencia para potenciales espectadores: conviene quedarse sentado en la butaca hasta que termina el rodante de créditos no sólo porque el tema musical final es particularmente intenso, sino también porque el especialista Alfredo García asegura –y una mención en los títulos parece darle la razón– que está tomado de la música que Lalo Schifrin compuso para la versión original de El exorcista y que William Friedkin decidió no utilizar, con lo cual el argentino también debe haber tratado de arrastrar al director al infierno.
Por Luciano Monteagudo
Luego de dirigir con reiterado éxito de taquilla la trilogía de El Hombre Araña, el regreso de Sam Raimi al cine de horror exhibe una vez más su característica mezcla de comedia y excesos sanguinolentos (El despertar del diablo), aunque en un tono relativamente menor que le garantiza una clasificación más generosa. En este nuevo relato de un ... Leer más Luego de dirigir con reiterado éxito de taquilla la trilogía de El Hombre Araña, el regreso de Sam Raimi al cine de horror exhibe una vez más su característica mezcla de comedia y excesos sanguinolentos (El despertar del diablo), aunque en un tono relativamente menor que le garantiza una clasificación más generosa. En este nuevo relato de un maleficio gitano que se ensaña con la suerte de Christine Brown (Alison Lohman), joven empleada en una compañía de crédito inmobiliario, no hay evisceraciones interminables, decapitaciones en cadena, ríos de detritus y excrecencias, ni otras fantasías gore, aunque sí dos o tres secuencias de comicidad y delirio grotesco que señalan la fidelidad de Raimi a sus viejos gustos y obsesiones.
El esquema de asedio diabólico a la protagonista remite un poco a La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, Polanski, 1968), con su historia de arribismo social frustrado por la fatalidad, y una pareja cuya relación amorosa se ve truncada por la empeñosa intervención del maligno. Raimi brilla en escenas crueldad estudiada (una mosca penetrando al organismo de Christine, un estado de esquizofrenia inducida, una solemne cena familiar vuelta parodia delirante, un final feliz frustrado), y acude con desenfado lúdico a los lugares comunes del género, a las sesiones espiritistas y a los conjuros. La mexicana Adriana Barraza, como espiritista especializada en exorcismos, enfrentada a una diabólica Lorna Raver, desalmada hechicera húngara, ofrece una secuencia maestra. Todo pasa por la fina ironía del realizador, desde la dicha contrariada de la pareja amorosa hasta el insaciable lucro de las compañías crediticias. Una cinta de horror con agilísimos toques de comedia negra, bajo el control y pulso seguro de un director con ligereza novedosa, un tanto distanciado hoy de sus desbordamientos de costumbre.
–Carlos Bonfil
Nada de que el 13 es de mala suerte. Después de un largo periplo por distintos géneros hollywoodenses —el western, el cine de superhéroes, el thriller, el melodrama deportivo—, Sam Raimi regresa a tambor batiente a sus orígenes. Arrástrame al Infierno (Drag Me to Hell, EU, 2009), su decimotercer largometraje, es un energético retorno al h ... Leer más Nada de que el 13 es de mala suerte. Después de un largo periplo por distintos géneros hollywoodenses —el western, el cine de superhéroes, el thriller, el melodrama deportivo—, Sam Raimi regresa a tambor batiente a sus orígenes. Arrástrame al Infierno (Drag Me to Hell, EU, 2009), su decimotercer largometraje, es un energético retorno al horror, el humor y el desenfreno de su temprana obra maestra El despertar del diablo (1981). Raimi sabe cómo asustar al respetable, cómo reírse de él y cómo volverlo a espantar en 60 segundos justos: en cuanto empieza la acción, del horror más efectivo pasamos a la incredulidad y de ahí a la risa nerviosa, y después volvemos a saltar para luego reír a carcajadas. La torcida imaginación visual de Raimi puede con todo: hace bailar en el aire a un demonio chocarrero, a un poseído vomitar un gato completito, y no deja de apelar al slapstick más caricaturesco sin que por todo ello la película pierda un instante su capacidad de provocar escalofríos. Además, Raimi maneja casi con furia la cámara de Peter Deming y fusiona los efectos digitales más sofisticados con elementos baratones que rozan la más febril autoparodia. Creo que si Arrástrame al Infierno resulta, al final, un filme de horror tan satisfactorio, se debe, en gran medida, al guión escrito por Raimi en colaboración con su hermano Ivan, y a la perspicaz construcción del personaje central, la luchona ejecutiva bancaria Christine Brown, bien interpretada por Alison Lohman. Chris, trabajadora pero perpetuamente insegura, ex gordita que al primer golpe de estrés vuelve a tragar nieve a cucharadas, de familia humilde con una madre alcohólica olvidada en una granja, es culpable por desear más de lo que tiene (¿o merece?): un mejor puesto, un novio rico, una vida diferente. Su fría decisión de negarle una extensión del crédito a una anciana bruja (espléndida Lorna Raver) con el fin de ganar un pedorro ascenso en el organigrama de su banco, hará que le caiga una maldición gitana. La misma que uno desea, desde la butaca, que se extienda a otros banqueros más encumbrados... A lo mejor en la secuela.
Por Ernesto Diezmartínez
Ha pasado un buen tiempo desde que lo pasé tan bien en una sala de cine viendo una película de terror. ‘Arrástrame al Infierno’ (‘Drag me to Hell’) es el regreso del director Sam Raimi al cine gore y horror, demostrando que su paso por la saga de ‘Spider-Man’ no destruido su especial sentido del humor y el disgusto para realizar una ... Leer más Ha pasado un buen tiempo desde que lo pasé tan bien en una sala de cine viendo una película de terror. ‘Arrástrame al Infierno’ (‘Drag me to Hell’) es el regreso del director Sam Raimi al cine gore y horror, demostrando que su paso por la saga de ‘Spider-Man’ no destruido su especial sentido del humor y el disgusto para realizar una propuesta divertida, rápida, grotesca y a veces sin sentido. Digo que lo he pasado muy bien y es de verdad, sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos años los estrenos que llegan al cine en el segmento de miedo dejan mucho que desear. Un ambiente que se ha vuelto del todo adolescente en el mal sentido, nos entrega historia que pretenden ser mas de lo que son y terminan siendo un desastres de principio a fin. Podemos nombrar muchas, pero mejor nos quedamos con las cosas buenas, que en este caso es ‘Arrástrame al Infierno’: una película que nos enseña que una demoníaca maldición, ancianas que muerden con mucha saliva y sin placa, y sombras en las paredes pueden dar un gran momento de miedo y humor en el cine.
Es una película bastante veloz, sin muchos contratiempos ni tampoco elementos que la vuelvan complicada. Se presenta rápidamente, una negación, una maldición y una mujer que es atormentada por un maligno demonio que se la quiere llevar al mas allá. No se siente mas inteligente de lo que es, a diferencia de lo que es ‘Saw’ en general, simplemente se deja llevar y entretiene hasta el ultimo momento.
No hay ni que decir que ‘Arrástrame al Infierno’ no hay que tomársela en serio. En muchos momentos podrá perder absolutamente el sentido y sus personajes no serán para nada profundos ni desarrollados. Es una experiencia clásica del cine de terror que solía hacer Raimi, que introduce la historia de Christine (Alison Lohman), una agente de prestamos de un banco en Los Angeles, que está deseando con todas sus ganas un ascenso. Pero no todo será tan fácil pues su jefe, Jacks (David Paymer) le advierte que debe trabajar muy duro en su personalidad y hacerse mas fuerte, ya que se encuentra compitiendo con Stu (Reggie Lee). Y eso no es lo que mas complica su vida, por otro lado mientras tiene que lidiar con convertirse en una mujer mas segura de si misma para lograr el ascenso, tiene que soportar a la familia de su novio Clay (Justin Long), quienes piensan que ella no es lo suficientemente buena para el.
Lamentablemente todo comienza a empeorar hasta niveles demoniacos cuando una anciana llamada Ganush (Lorna Raver) llegue a su oficina para pedir una extensión en los pagos de la deuda de su casa. Pero Christine ve en esta situación la oportunidad de volverse mas fuerte en sus decisiones y así demostrarle a su jefe que es apta para el nuevo empleo, así es que le niega cualquier acuerdo a la extraña anciana. Avergonzada la señora Ganush pierde todo el control y se convierte en una maligna demente que maldice a la pobre Christine quien de ahí en adelante solo vivirá los horrores de ser acechada por un demonio.
Debo decir desde ya que no esperen ver (si ya no la han visto) una seguidilla de muertes sangrientas, desmembramientos y viseras corriendo por la pantalla. Tampoco hay fuertes y acaloradas peleas llenas de vulgaridades, sexo y desnudos por doquier. Pero esto no significa que el trabajo de Raimi sea blando en ningún sentido, solo que es mas simple a la antigua, para todo publico. Quizás por ahí algunos sensibles puedan sentirse afectados por algunas cuantas salivas que salen de la boca de la señora Ganush, o bien cosas verdes que salen de la misma persona, pero nada muy exagerado, aunque de todas formas convence y encanta. Tan horrible que da risa.
Tiene restos de muchas otras películas que han dado de lo suyo al genero de los demonios y fantasmas, claro que con el toque que solo un Sam Raimi que ha evolucionado mucho desde sus primeros pasos en ‘The Evil Dead’ sabe dar. Dando paso del miedo a una historia central que necesariamente siempre se enfoca en la búsqueda de Christine por soluciones para salvarse del demonio que luego de 3 días se la llevará al infierno. De esa manera todo lo demás, incluido el resto del cast que está compuesto por un Justin Long que actúa solamente lo necesario, gira en torno a Christine y su miedos, complejos y escapes de sueños terribles, entidades que la persiguen, todo en su justa medida.
‘Arrástrame al Infierno’ es súper simple y muy entretenida. Llegando justo a estrenarse días previos a Halloween, sería la forma ideal para celebrar una fecha de miedo viendo el regreso de Sam Raimi a sus raíces. Tiene de todo para un buen panorama, pasando del miedo a la risa sin descanso para el aburrimiento.
¿Uds. que dicen?
Arrástrame al Infierno
"Muy Buena"
"El tan esperado regreso del director de Spiderman al género que lo vio nacer: el terror bizarro con tintes de comedia. Y orgulloso digo que, cumplió a la perfección con lo que esperábamos todos aquellos que adoramos su trilogía Evil Dead ; es un film fascinante lleno de humor negro y exageraciones terroríficas que hacen de esta película una delicia de comedia. La historia es simple y predecible así que no esperes mucho de ella; una joven mujer niega la prórroga de pago hipotecario de su casa a una indefensa anciana; que de indefensa no tiene nada la cabrona, ya que en venganza la vieja le lanza una maldición. No apta para aquellos que se toman muy en serio las posesiones demoníacas, la brujería y las maldiciones gitanas."